Los años 30 fueron un periodo de desarrollo industrial en la URSS favorecido por el régimen soviético con el objetivo de alcanzar tecnológicamente a los países capitalistas. Una de las metas fue hacer a la nación industrialmente independiente. La industria automovilística, entre otras, estaba aún subdesarrollada en aquellos años debido en gran medida a que la Guerra Civil que estalló tras la Revolución había impedido cualquier tipo de estabilidad política y económica.
El 4 de marzo de 1929 el Consejo Nacional Económico de la URSS decretó la creación de la Fábrica de Automóviles Gorky en las cercanías de Nizny Novgorod. Unas semanas después el Consejo y Ford Motor Company firmaron un acuerdo de asistencia técnica para la producción en masa de coches Ford-A y camiones Ford-AA. Todo el proceso de diseño industrial se llevaría a cabo en los EE.UU. a través de ingenieros soviéticos en estrecha colaboración con la compañía norteamericana. En mayo de 1930 se terminó la fábrica y en enero de 1932 el primer camión NAZ-AA (más tarde GAZ-AA) salió de la cadena de montaje. Los ingenieros soviéticos realizaron algunos cambios sobre el vehículo Ford original instalando su propia dirección, embrague y filtro de aire, por ello no puede decirse que el GAZ-AA fuese una copia exacta del Ford-AA modelo 1929.
En 1938 los ingenieros señalaron la necesidad de un motor más potente para el vehículo. Aprovechando la instalación de un motor GAZ-MM de 50 caballos, se hicieron algunas nuevas mejoras en el mecanismo de dirección, el eje cardan y la suspensión trasera. El camión así modificado se designó GAZ-MM y se inició su fabricación también en las cercanías de Moscú y en Rostov con piezas procedentes de la planta Gorki.
En el Ejército Rojo la misión principal del vehículo fue el transporte de tropas. Cuatro bancos transversales instalados en la caja permitían llevar hasta 16 soldados. Los bancos podían desmontarse en caso necesario para llevar carga adicional o reducidos a sólo dos cuando se montaba una ametralladora antiaérea. Así mismo, un toldo desmontable permitía cubrir la zona de carga.
Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial la producción de los GAZ-MM (que con los GAZ-AA eran más de la mitad de la flota de camiones del Ejército Rojo) se simplificó debido a la escasez de materias primas y a la necesidad urgente de acelerar la producción. Se suprimieron el faro derecho y los frenos delanteros. La cabina de acero también sufrió modificaciones instalando toldos a modo de techo y puertas. La nueva designación para esta versión fue GAZ-MM-B. La fábrica de Gorki sólo fabricó entonces un número reducido de estos camiones ya que también se le ordenó la producción de carros ligeros, morteros y municiones.
A partir de 1943 se restauraron los suministros parcialmente y los nuevos GAZ-MM-B llevaban puertas de madera con interior de cartón prensado. Las ventanas se fabricaron corredizas mientras el frontal de la cabina continuó siendo de acero, pero la parte trasera se realizaba con marco y planchas de madera. Además de la versión normal de carga, el chasis del GAZ-MM se empleó para la ambulancia GAZ-55, como plataforma para diversas armas antiaéreas y también para otros vehículos especiales de uso civil y militar, tales como los conocidos coches blindados BA-6 y BA-10.
La producción continuó tras la guerra, fabricándose de nuevo con frenos y faros completos y cabina metálica. El último GAZ-MM se terminó oficialmente en la factoría Gorki el 10 de octubre de 1949, aunque la fabricación siguió en la fábrica de Ulyanovsk hasta 1950.
Si comparamos el nivel del parque automovilístico del Ejército Rojo y el de sus enemigos, es de destacar la gran diversidad de tipos y diseños disponibles en la Wehrmacht. A pesar de la rígida unificación de modelos fabricados por las diferentes empresas de la industria automovilística alemana, su efecto no tuvo como consecuencia un aumento de la producción pareja a las necesidades a lo largo de la guerra. Además los alemanes usaron vehículos producidos en Francia, Italia, Checoslovaquia y Austria que no estaban adaptados a las condiciones invernales y que eran muy difíciles de reparar y mantener. La enorme variedad de modelos entorpecía el suministro de recambios, la preparación del personal y el mantenimiento. El Ejército Rojo no tuvo que afrontar dichos problemas ya que sus vehículos poseían un diseño sencillo y tenían gran fiabilidad, lo que simplificó grandemente su mantenimiento y reparación. |